Érase una vez una sociedad de antaño, en donde todos los
niños tenían que ir a escuelas por ley. Luego vino la reforma educacional,
impulsada por las revoluciones de la época, pero totalmente desligada de sus
principios. Insertó sistemas revolucionarios y estratificados. Ya no era
obligación nacional ir al colegio y muchos de los padres tampoco lo hicieron
obligación en sus casas, sobre todo los del nivel socioeconómico más bajo, pues
ya venían con un sentido pleno de incompetencia en lo referente a la “educación”.
Los políticos, ya cansados de fingir que incluían los intereses de todos en sus
propuestas, empezaron libremente a abogar en pro de sus propios intereses y a
desligarse de los que eran considerados gastos ineficientes o innecesarios. Comenzó así la generación de un nuevo poder,
el orden de los niños en asociación en las calles. Los chicos crecieron, pandillas
y mafias en masa se disputaban los apretados territorios de la creciente ciudad.
Se iban eliminando uno contra uno, diez contra diez, masacres de familias y
clanes enteros por vendettas. Sus tácticas se refinaron a tal punto que ni la
estrategia militar pudo poner fin a esa destrucción territorial perpetua. Luego
los políticos recurrieron a su carta bajo la manga, los medios de comunicación.
Mientras la masacre fuera reglamentada y legal se mantendría a todos contentos.
Bajo este lema surgieron una serie de realities,
los que competían por mostrar las habilidades delictuales más letales. Lentamente
comenzó el culto delincuencial y se esparció por todos los estratos. La televisión
y los otros medios eran basura y nadie, aparentemente, podía hacer nada por
cambiar esto. Pronto ya no hubo espacio para la justicia general, pronto las
reglas y generalizaciones comenzaron a caer, así como las regularidades,
rutinas y hábitos. Comenzó la Era Concreta, en la que se alababa el estado
animal de existencia, pero no cualquier estado animal, si no el de la depredación.
Esta no fue sólo en el sentido metafórico, como en el desarrollo de la
prostitución de carácter abusivo o la existencia de mecanismos eficaces para
homicidios en máquinas expendedoras, si no que llegó a su nivel más concreto en
época de hambruna: el canibalismo. Esto ocurrió preferentemente en las
ciudades, pues las personas que predicaban ideales espirituales o de amor se
vieron forzadas a erradicarse en zonas rurales a o exiliarse en otros países. Para
países más poderosos Chile, en conjunto con otros países, comenzó a ser un
peligro de corrupción, más aún, de terrorismo. Es por eso que el año 2154 se
aplicaron los primeros campos de acero magnético para aislar a los países que proseguían
en esta escandalosa realización de “la ley del más fuerte”. Por otro lado,
estos países poderosos tuvieron su propia evolución en base a los parámetros del
dinero, el que, como ya sabemos, alcanzó dimensiones sorprendentes de
influencia y acabó con gran parte de la población mundial.
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martes, 16 de abril de 2013
miércoles, 5 de diciembre de 2012
Una opinión y exigencia
El otro día, a propósito de la muestra actual del CCPLM, pensaba en el arte de los tiempos de guerras mundiales: pollock, los surrealistas, los pintores abstractos. Imaginé que todos surgieron buscando la libertad, ofreciendo al mundo su libertad contenida en sus cuadros: la realidad no podía ser como estaba siendo contada hasta ese momento, debía haber más, algo más allá, algo desconocido, eso inaccesible socialmente, que sólo fue posible artísticamente de acceder. Desobedecer a las formas, a la realidad, acceder a una subjetividad más que a buscar una verdad objetiva. La verdad no estaba en la generalidad y en las buenas formas.
Pienso que el arte debe contribuir al mundo real, a la sociedades planteando el complemento, el tiempo futuro, el deseo y la necesidad humana.
La pregunta ahora es: qué es lo que debería mostrar el arte contemporáneo? Qué es lo que nos está mostrando? Qué es lo que debe y sólo puede ser expresado a través del arte? El arte es el precursor de la historia de la humanidad, para eso existe y lo creo con convicción, con una certeza pseudo psicótica.
Pienso seriamente que deberíamos superar nuestra noción de individualidad. La persona está sobreexaltada, en desmedro del nosotros, del somos. Quizá es hora de darnos cuenta de que no somos cosas distintas tú, yo. Somos todos uno. Creo que esa es la misión a comprender y emprender.
La paz es un concepto que ha andado revoloteando desde hace décadas. Se quiere calar en las reglas de la vida. La gente la desea. Mientras no respetemos a los otros como a nosotros mismos, pero en un sentido muy concreto y real, no habrá paz. La gente habla de la paz, pero no sabe cómo llegar a ella. O sabe, pero no lo intenta, porque hay una brecha aún entre la realidad de los hechos, las acciones y las ideologías. Nadie, o pocos, llevan una vida coherente con sus principios. Pocos se atreven a esa radicalidad. Se cobijan cual palomas en el entretecho bonito de la gran casona de la sociedad. Después de todo, es la casa más bonita, con más recursos y es un lugar seguro. Pero ninguna de esas palomas es libre. No saben volar porque pocas son las que han dado el ejemplo. Como nadie sabe mucho de ellas luego de que desertan. La mayoría retoza en la comodidad de lo normal, lo común, lo conocido, haciendo vivir como dioses a las columnas que sustentan la casona, el saber establecido y las buenas costumbres, entre otros. Las burocracias y los protocolos. Quizá por eso mucho del arte tiene una dimensión social: trata de denunciar, de poner en evidencia el encierro, la falta de alas.
Pero nos falta el otro arte, ese que te indica la dirección a seguir, ese que te desviste de los andrajos y te pone ropa nueva. Ya basta de denuncias, vamos al paso siguiente
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